Una sociedad de individuos que florecen

Por Valeria Valiente

Lastimosamente la sociedad está estructurada de tal manera que un grupo sobrevive el dia con $1.25, mientras que otros derrochan dinero como si no hubiera mañana. Existe una organización en donde unos saltan por encima de la ley y se les perdonan los pequeños accidentes, que cometieron. Con estos accidentes: entiéndase los sobornos por el poder que tienen algunos o el lucrar a costa de los demás. Por otro lado, otros son muchas veces juzgados de manera injusta y por actos que no han cometido. Pensar en esto me revuelve el estomago, pero hoy, aquí mismo, no quiero pensar con mis sentimientos predominando o con mi hígado, no quiero generalizar. Quiero razonar y de mi concisa reflexión, quiero acercarme a una respuesta para mi malestar. Tal ves, de aquí podemos partir para poder hacer pequeños cambios, de esos que resuelven el mundo un poquito más.

No les voy a mentir, soy una optimista. Tengo gran optimismo en mi pais, en América Latina. He aquí mi secreto. Es muy simple, sé que todos podemos florecer. Si es cierto que este proceso lleva su debido tiempo y algunos pasos, no se da en un abrir y cerrar de ojos.  Recordemos que las flores para que puedan darse de las mejores maneras necesitan algunas condiciones. Lo mismo sucede con los seres humanos: también necesitamos un clima óptimo para que podamos dar lo mejor de nosotros y así, como las flores, emerger. Como ellas necesitan cierta lluvia y tierra con nutrientes; nosotros requerimos de sociedad con imperio a la ley y una igualdad de oportunidades. Se preguntaran por qué; lastimosamente, tenemos una cultura en la cual buscamos salirnos con la nuestra. Empieza desde lo más pequeño como copiar en exámenes o colarnos en las filas; hasta fenómenos que afectan a más personas como corrupción en las instituciones que ‘velan por nuestro bienestar’ o búsqueda de interés propio y no interés común.  Lo que buscamos es evitar lo que les describi al principio y ahorita.

 

Les voy a ser sumamente honesta, esto de lo que les estoy hablando es con suma convicción. Acepto que no voy a erradicar la pobreza, pelear para cesar todas las guerras o hacer del mundo un lugar repleto de paz. Lo que sí aspiro es a dejar un granito de arena y poder de cierta forma aportar un poco en mi país. Nací aquí y con todo lo que está pasando, seria egoista no ayudarle una pizca al lugar que me vio crecer y que también me vio y seguirá viendome florecer. Yo quiero florecer, pero también es mi prioridad que todos ustedes florezcan junto a mí, es indispensable que hagamos lo que nos apasione y así podamos todos aportar juntos. Es por eso que necesitamos un clima apropiado para lograr hacerlo. Mi compromiso es real. Hay que recalcar desde ya que no dependemos solamente del Estado y de lo que este decida hacer con nuestras vidas. Sin embargo, la manera en la que este ente organiza nuestras instituciones tiene una repercusión en la sociedad, para bien o para mal. Es por eso mi profundo interés.

 

Pensemos en un hermoso jardín, que es nuestro país. También asignemos al Gobierno el personaje de jardinero. Estableciendo que esté ha sido elegido deliberadamente, que en él recae un interés para que las flores crezcan fuertes pero sean libres y que cada cierto tiempo este jardinero cambie, con el fin de que no se adueñe de las flores pero únicamente trabaje para ellas. Asimismo, los ciudadanos serían las flores, ahora podemos establecer algunos aspectos. Las flores crecen solas, pero el jardinero les ayuda con cuestiones básicas. Vamos a iniciar con la manera en la que estas flores se siembran. No se puede escoger una tierra que ya ha sido explotada, que tiene pocos nutrientes o que no se presta para que los capullos logren darse. No vamos a sembrar algunas flores en la mejor tierra y a otras  dejarlas que sobrevivan en paupérrimas condiciones. Todas son hermosas, distintas, únicas, y cada una puede aportar y embellecer ese gran jardín. Podemos comparar esto con la igualdad de oportunidades para los ciudadanos.

 

John Rawls nos hablaba de su experimento mental con el velo de la ignorancia, en donde los participantes no sabían su condición social, si venían de un entorno pobre, acomodado o multimillonario. Lo que sí sabían es que querían diseñar una sociedad en donde hubiera justicia social. Deseaban encontrarse con un entorno en el cual pudieran desarrollarse, aspirar a sueños y metas y poder tener las oportunidades sin importar su origen. No podemos hablar de una sociedad en donde haya igual punto de partida para todos los ciudadanos, esto puede amenazar la libertad de los individuos, ya que implica que los que han trabajado más duro siempre van a recibir lo mismo que los que no lo han hecho. A lo que sí deberíamos de aspirar es a una igualdad de acceso, en donde exista la movilidad social, y que los sueños con esmero y trabajo duro, se pueden convertir en una realidad. Desde ya hay que aceptar que siempre habrá suerte de que algunos individuos que crezcan en un entorno con mayores privilegios, sin embargo, esto no debería de definir nada sobre el futuro. Son los propios méritos, luchas y esfuerzos los que si deberian de hacerlo. De igual forma, algunas flores tienen más suerte que otras, son sembradas en tierra más apta para que se den más rápido y crezcan, pero esto no significa que las demás flores no tienen la posibilidad de brotar. Al final encuentran la manera de hacerlo.

 

De igual forma, Aristóteles nos recalca sobre la importancia de los hábitos de pensamiento y de carácter, en la ética a Nicómaco. Vamos forjando con el tiempo esa virtud de pensamiento, con la educación que recibimos y la manera en la que nos interesamos por el conocimiento, pero el hábito de carácter y de aspirar a ser virtuosos es lo que es de suma importancia para poder aplicar a nosotros mismos. Hay virtudes con las que tenemos que presentarnos a la sociedad para poder ser ciudadanos proactivos y diligentes. Lastimosamente, muchas veces nos vemos educados bajo una cultura que no es como lo que Aristóteles propone, incluso él lo advertía en su ética. Si nos educan a que no nos cuestionemos, a que no seamos curiosos o pensadores críticos no vamos a poder sobresalir. Lo mismo pasa con las flores, todas requieren de abono y de un cuidado por parte de su entorno, pero depende de qué tipo de abono es, muchas veces si es venenoso la flor va a reaccionar reflejando el veneno. En vez si le dan del mejor tipo, ese va a ser el resultado: ser la mejor. Esto se va a transmitir en hábitos de crecer fuerte y aportar mucha belleza al jardín. Al final, si nos lo proponemos creo que se puede dar que haya oportunidades para cada individuo como hay espacio para que cada flor resalte y embellezca el jardín.  Eso sí, todos debemos de cooperar. Forjando estos hábitos, contrarios a los que ya han establecido y evitando la cultura de mediocridad se puede lograr.

 

Si pasamos a lo que ya mencionaba anteriormente, que es el imperio a la ley, tenemos que pensar en que esto como algo inherente que aplica para todos, no solo para los que no pueden pagar las multas o el soborno. En La República de Platón por medio de Sócrates, se reflexionaba como debía de ser la justicia. Se centraba en que la justicia era algo interno y que esta le devuelve a cada quien lo suyo. Es decir, cada persona que haga una injusticia deberá de conocer las consecuencias de su error. El problema ya lo mencionaba, muchas personas pasan por encima de la ley, ya sea pagando sobornos o amenazando. Lo que ellos no saben es que cada vez que cometemos una injusticia, estamos atrapados por ella. Es por eso que debemos de ver que la justicia es un mecanismo propio para nuestro bienestar, el de hacer lo que debemos. A la misma vez esto ayuda a crear una sociedad más próspera, en donde las personas realmente usan la ley por su propia satisfacción y para mantener el orden. De igual forma si pensamos que para las flores el agua es la justicia. ¿Cómo utilizarían estas el agua? No lo podemos ver en verdad porque el agua se va a las raíces a nutrirlas, es todo un proceso interno en el cual mejora la flor y sus raíces por dentro y la hace mejor en su exterior. El ser humano también necesita de estos nutrientes en su interior, y citando a Platón el alma solo puede vivir bien si es justa. Así como las flores empapan sus raíces de agua para mejorar lo que no vemos, es decir su alma, nosotros debemos de ser justos por el simple hecho que es lo correcto. Lo vamos a poder percibir en nuestro alrededor.

 

Quiero continuar y tambien quiero detenerme a pensar en el Imperativo Categórico, basado en la noción de la Ley Universal de Kant. Entendida como una máxima a la cual aspirar, en donde obramos según el deber, y porque aplicando la regla de oro: hay que actuar como nos gustaría que todos actuaran. Al no obedecer esta y cometer infracciones, nos permitimos un comportamiento contrario a lo que es nuestro deber. Creemos que es una excepción, pero muchas veces se nos olvida que si todos hacemos esas excepciones y nos damos ese privilegio, todos romperiamos la ley universal. Eso significa que el mundo se volvería un constante caos, en el peor de los sentidos. Es un verdadero lujo vivir en un lugar en donde no haya un déspota o tirano que quita y ponga las leyes a su antojo. Vivimos en un gobierno de leyes y no de personas, es por eso que comienza con nosotros mismos el respetar esto para mantener las libertades que muchas veces damos por sentado. De igual forma, si solo algunas flores deciden absorber el agua y otras no, el daño que se hacen es a si mismas y con el paso del tiempo también afecta negativamente en su entorno. Sin embargo, para las flores es su deber absorber el agua para su bien y el de las demás.
La sociedad debe de organizarse así. Un lugar en donde a pesar que no todos nazcamos en una cuna de oro, podamos aspirar a lo mejor. En donde la grandeza se mida por medio de verdaderos méritos y trabajo honrado. Un lugar en donde la cultura junto con la educación se preocupa por educar a sus ciudadanos y no cegarlos como ya lo hace. Una sociedad en la cual la justicia sea nuestra máxima, sea lo que nos guíe y así se convierta en nuestra ley universal. Lo cual nos puede llevar a una cuasi-armonía y a vivir en un sistema que no tolera la corrupción. Tenemos que absorber el hecho que no somos excepciones, que nadie lo es y que por eso no podemos permitirnos eso. Todo esto que digo está lleno de optimismo. La parte que muchas veces posponemos es la de ser este tipo de ciudadanos. Si empezamos ahora, siendo el ejemplo para nuestros ciudadanos creo que en algunos años podemos ser el país ejemplo. Podemos ser ese jardín con todas sus flores embelleciendolo. ¿Están conmigo?

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