Una educación más crítica

Por Daniela Ramírez

 

La educación tal y como la conocemos hoy, evidentemente, necesita cambios. Necesitamos replantear la manera en la que educamos y sobre qué estamos educando a las personas. Los guatemaltecos se preguntan el porqué de que nuestra educación no sea óptima y se han planteado muchas soluciones al respecto; sin embargo, siempre se han centrado más en el ámbito económico. Desde aumentar la cantidad de clases, hasta comprar más recursos escolares. Pero se olvidan de que lo primordial para mejorar un sistema de educación no es aumentar la infraestructura de un país, sino entender la naturaleza humana. Entender cómo funciona el cerebro y los procesos de aprendizaje de los individuos por medio de la cognición y los avances científicos, ya que estos son realmente la solución para mejorar el sistema educativo de nuestro país y forjar en los niños un pensamiento crítico.

Es necesario entender algunas de las más importantes reflexiones filosóficas que constituyen la base de la propuesta de transformar nuestro sistema educativo basado en el pensamiento crítico y en la reflexión. Quiero empezar  con Platón, uno de los más importantes filósofos de la Antigua Grecia, ya que se  pueden observar las bases por medio de las cuales los sujetos generan conocimiento., En su libro II de Lala República (403 D.) Platón habla sobre la importancia de la educación del alma y dice que “es el alma buena la que puede dotar al cuerpo de todas las perfecciones posibles por medio de sus virtudes.” Entiéndase que para Platón cuando élel habla del alma se refiere a la mente. Para él es la mente la que dota al hombre de sabiduría y le enseña a diferenciar entre lo que es virtuoso y lo que no lo es gracias a que el hombre es capaz de utilizar su razón. La constitución del alma desde la postura platónica se trata de despertar o activar el potencial cognitivo de los hombres, propio de la naturaleza humana. Esto quiere decir, que el potencial cognitivo no es algo que se aprenda como los sistemas educativos suelen creer, esta solamente se guía y se desarrolla.

De lo anterior podemos reflexionar de la forma en la que están estructurados nuestros sistemas educativos actuales. Muchas veces los colegios ven a los niños como una especie de tabula rasa, como una mente vacía, sin cualidades innatas. De modo que estructuramos los sistemas educativos para imponer conocimientos y habilidades sin tomar en cuenta que aspectos como el potencial cognitivo es algo con lo que ya nacemos. Se suelen crear sistemas basados en ideas freudianas como las etapas del desarrollo; aun cuando los avances en la neurociencia y la psicología nos comprueban que esto es totalmente erróneo. Un sistema de educación como el que actualmente tenemos es dañino para el desarrollo del pensamiento crítico de un niño. Tal como lo podemos observar con la alegoría de la caverna del libro VII de la República. En ella, Platón manifiesta las implicaciones de una buena educación o de la falta de ella y de cómo nuestra naturaleza se puede ver perjudicada cuando nos encontramos en un sistema que solo genera ignorancia y no conocimientos.

Nuestro sistema educativo actual nos hace aferrarnos a costumbres, opiniones y falsas creencias. Nos hace prisioneros y, peor aún, nos hace sentirnos bien, felices de estar en este estado de ignorancia porque no nos permiten abrir los ojos y encontrar la verdad. Nos hace vivir en el error y a tomar por verdadero solo lo que nos presentan. Además de las costumbres, otro de los grandes errores que tiene el sistema educativo actual y que distorsionan el desarrollo de un pensamiento crítico es la constante competitividad que le imponen a los estudiantes. En muchos centros educativos lo que se busca, realmente, no es hacer que sus alumnos adquieran conocimientos verdaderos, sino hacerlos competir. Los alumnos están tan enfocados en lograr obtener “buenas notas” que olvidan aprender. De ahí la famosa frase de “estudiar para el examen, no para la vida” y es que, en efecto, los niños piensan que por no obtener las mejores notas en cierta clase no son lo suficientemente inteligentes y todo esto se debe al sistema tan competitivo que tenemos que impone que para ser inteligente tienes que tener las mejores notas, a pesar de que eso signifique que solo memorices para el examen o que pases encima de otros.

Aristóteles en su obra la Ética de Nicómaco (349 a. C.) dice que “los placeres que resultan de pensar y aprender nos harán pensar y aprender más” Pero no es posible hacer que los niños sientan placer de aprender cuando este proceso no se trata de algo enriquecedor intelectualmente, sino de una competencia. Tal como lo mencionaba anteriormente, los niños pierden ánimos de ir a estudiar y de seguir aprendiendo porque creen que sacar malas notas significa que no son inteligentes y que no están aprendiendo nada. El sistema educativo que tenemos es cerrado. Esto quiere decir que no permiten la discusión y la retroalimentación de grupo que tanto se necesita para el proceso de aprendizaje. Los capítulos finales de la Ética de Nicómaco hacen exactamente referencia a la importancia de habituarse a vivir en sociedad para alcanzar el fin máximo, la felicidad. Sin embargo, cuando en nuestro sistema educativo tan dogmático en el que el profesor es el que tiene la última palabra y un número determina tu nivel de inteligencia, como las pruebas de IQ, la habilidad cognitiva del niño se ve limitada.

Otra reflexión sobre educación a tomar en cuenta son las que nos presenta Immanuel Kant en su obra titulada Pedagogía (1983), él dice que “Únicamente por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es, sino lo que la educación le hace ser. Se ha de observar que el hombre no es educado más que por hombres, que igualmente están educados. De aquí, que la fa-Tía de disciplina y de instrucción de algunos, les hace también, a su vez, ser malos educadores de sus alumnos (…) tras la educación está el gran secreto de la perfección de la naturaleza humana.” De esta premisa podemos volver al tema de los profesores y la importancia que tienen como guías y guardianes del conocimiento, como lo diría Platón.

Es bastante importante que se entienda que un profesor no está para imponer conocimiento sino para guiarnos en nuestra búsqueda del conocimiento. Pero, en mi opinión, esto no es posible si a nuestros profesores no se les enseña la importancia del pensamiento crítico primero. Si seguimos con el mismo sistema arcaico de solo sentar a los alumnos y hacerlos escuchar a un profesor y tomar notas por cuarenta y cinco minutos sin brindarles un ambiente de discusión no podemos esperar que en el niño realmente se generen conocimientos y mucho menos que alcancen la perfección humana de la que nos habla Kant.

Otra gran reflexión de Kant en cuanto a la educación es que “Un principio de arte de la educación (…) es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor de la especie humana; conforme a la idea de humanidad y de su completo destino” (1983).  De lo anterior se entiende que el principal propósito de la educación para Kant no es algo material, sino que el hombre tenga pasión en educarse y así encuentre un estado mejor para su especie, lo cual va muy de la mano con las ideas aristotélicas sobre la educación. Es por ello, por lo que, a los padres de familia y a los profesores que son los encargados de guiar al niño en el proceso de la búsqueda de la verdad les debería de importar, ante todo, que sus hijos abran los ojos y vayan descubriendo cómo funciona el mundo para ampliar sus saberes y no que les importe el futuro de su hijo en base a los ingresos económicos que va a tener por seguir cierta carrera.

Es por todo lo anterior, por lo que se puede concluir que la educación tal y como la conocemos debe cambiar. Es necesario que entendamos la naturaleza del ser humano para que así logremos tener no solo un sistema de educación funcional, sino toda una sociedad óptima. Debemos de dejar de hacer que nuestros niños compitan por sacar las notas más altas y que mejor se centren en aprender y en corroborar los conocimientos que tienen por medio del diálogo y la discusión sin rivalidades, sino con el deseo de aprender y de enriquecerse mutuamente en el proceso del aprendizaje y es que es esto lo que realmente necesitan los ciudadanos, sentirse parte del proceso de generar conocimientos y no como simples máquinas que recopilan información. Es necesario que se cultive en ellos el deseo de preguntarse el cómo y el porqué de todo aquello que les genera curiosidad.

Que nazca en ellos ese sentimiento de aprender y de querer investigar más a fondo sobre cualquier duda que tengan y, sobre todo, que después sean partícipes de su sociedad, de esos nuevos aprendizajes, no solo para difundirlos, sino también para poder hallar puntos claves o equivocaciones dentro de su razonamiento.  Kant dijo en su obra Pedagogía que “Al hombre se le puede adiestrar, amaestrar, instruir mecánicamente o realmente ilustrarle. Se adiestra a los caballos, a los perros, y también se puede adiestrar a los hombres. Sin embargo, no basta con el adiestramiento; lo que, importa, sobre todo, es que el niño aprenda a pensar.” (1983).  En mi opinión, no hay nada más cierto y digno de entendimiento que esto. Que los niños tengan ese deseo de aprender y explorar el mundo y todo lo que los rodea, que tengan el carácter del cual habla Sócrates en el Gorgias (388 a. C. – 385 a. C)“¿Pero ¿cuál es mi carácter? Soy de aquellos que gustan que se les refute, cuando no dicen la verdad; que gustan también en refutar a los demás, cuando los demás se separan de lo verdadero”. Eso es lo que necesitamos, esa clase de personas son las que debemos de alentar para lograr alejarlos del mayor de los males que son la ignorancia y las ideas falsas.


Bibliografía

Aristóteles, A., & María, M. (1970). Ética a Nicómaco.

Bruer, J. T. (1995). Escuelas para pensar. Paidós.

GONZÁLEZ-REICHE, L. (s.f.). INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA Y PRÁCTICA DEL CURRÍCULO: Universidad Rafael Landívar, Departamento de Psicopedagogía.

Kant, I. (2003). Pedagogía (Vol. 85). ediciones Akal.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Unesco.

Platón, A. (1941). La república o el estado.

Platón, P. (1964). Diálogos: Fedón o de la inmortalidad del alma; El Banquete o del amor; Gorgias o de la retórica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *