PROYECTO FINAL: MARÍA DEL PILAR CAZALI

La princesa que abrió posibilidad a la verdad

Érase una vez una princesa, destinada a ser reina, que siempre se había regido por normas que no tenían ningún fundamento evidente. Sin embargo, se habían aplicado por siglos por lo que nadie las cuestionaba y su uso se había convertido en un círculo vicioso que se repetía cada vez que alguien entraba al poder de la corona. Esto principalmente se basaba en tres reglas: asilarse por tres meses previo a la coronación, firmar un tratado para prometer que se va a cumplir todo lo que desee el pueblo durante el reinado y, en caso de ser mujer, tener que casarse antes de coronarse y este matrimonio tenía que ser basado en amor verdadero y no ser arreglado, lo cual la mayoría de mujeres encontraban casi imposible en corto tiempo. Ana, la princesa, había sido criada bajo esta mentalidad y otras que lo acompañaban sin cuestionarlo o analizar si eran condiciones necesarias y suficientes para creer en ellas.

El método de enseñanza de este reino para los futuros reyes era de un aislamiento total para prevenir que influencias externas influyeran, sin importar si estuvieran correctas o no. Si alguien del exterior viera la manera en la que enseñaban, diría que estos futuros monarcas estaban totalmente condicionados a obedecer normas de lealtad, respeto y obediencia. Estos métodos de educación y desarrollo del crecimiento estaban basados en sus puras experiencias y deseos que tenían los “creadores” de este sistema monárquico para el gran Estado que habían formado. Esto fue al darse cuenta que la evolución cultural dentro de ese territorio había llegado a un punto tan excelente que sintieron la necesidad de mantenerlo y contenerlo exactamente igual. Pero ninguna de estas teorías tenía un método claro ni evidencias o justificaciones.

         

Ana, aunque siempre había sentido un poco de duda por lo que se le había enseñado, no cuestionaba nada y seguía con ideas que no se daba cuenta que realmente no tenían ningún fundamento; básicamente estaban solas flotando en el universo. Por eso, empezó su primer reto para lograr ser la siguiente reina. Por lo tanto, salió por primera vez en toda su vida de su palacio hacia otro fuera del reino donde permanecería aislada por tres meses. Con nadie que la controlara y el aburrimiento, empezó a explorar todos los rincones de cada cuarto por algo con lo que se pudiera entretener.

Entre tanto buscar, encontró una estatua que, al mover su cabeza, abría una puerta secreta. Estaba llena de libros como nunca los había visto: todo tipo de temas y títulos. El primero que agarró fue uno amarillo fosforescente llamado “¿qué es la ciencia?”, e inmediatamente fue un shock para la princesa. Esta decía que la ciencia era la manera de comprender, explicar y predecir el mundo. Siguió leyendo este y muchos otros desde el descubrimiento de Copérnico hasta los avances de Galileo. Esto a cualquier joven le causaría un colapso total ya que todo lo que ha sabido y creído toda su vida probablemente no era toda la verdad. A pesar de esto, ella no actuó apresuradamente, sino que empezó a desarrollar un sano escepticismo frente a los hechos que tenía enfrente. Esos tres meses restantes leyó y analizó cada página de los libros determinando qué era real de lo que se le había enseñado y qué era falso; basado en argumentos que tenían suficiente solidez y validez para adjuntarlos a su conocimiento. En este tiempo, aparte de poder crear una base de conocimientos totalmente justificada, verdadera y real, también concluyó sobre un tema que podía cambiar su vida: la importancia de los argumentos y lo mal que estaban planteadas las normas por las que se estaba rigiendo, que, evidentemente, tenía que luchar por cambiar.

Al pasar todas las semanas y regresar a su palacio en el reino, Ana, sin levantar sospecha de quiénes cuidaban de ella, pidió la Constitución que contenía todas las normas. Como faltaban unas semanas para su siguiente reto de encontrarse con el pueblo y hacer sus promesas, se quedó encerrada la mayor parte del tiempo en su cuarto para analizarlas y descubrir sus errores para cambiar el destino que se le había prescrito sin ninguna justificación. Al darse cuenta que estas reglas eran simples afirmaciones sin realmente ofrecer puntos argumentativos decidió escribir sus propias reglas argumentadas. Las nuevas que desarrolló se basaron puramente en la importancia de su solidez y validez para poder presentarlo ante el pueblo con total seguridad y evitar revueltas.

Finalmente, el día de la firma de promesas ante el pueblo, la princesa hizo pasar sus nuevas reglas como el discurso que iba a hacer para que nadie la detuviera y la hiciera esconder la verdad. Al ya estar parada ante el podio, inició narrando los descubrimientos que tuvo durante su aislamiento y terminó por medio de la presentación de las nuevas reglas que tenían que regirla tanto a ella como futura reina como al resto del pueblo. Estos anuncios inicialmente causaron conmoción porque era fuera de lo que habían vivido toda su vida. Sin embargo, al estar tan bien formados los argumentos, los ciudadanos se empezaron a dar cuenta de qué era la verdad por lo que empezaron a festejar el inicio de una nueva etapa para el reino fundada en verdad y no en mentiras medicinales.

Ana, al ser coronada reina, no tuvo que hacer los otros dos pasos previos a su coronación ya que no todos los deseos del pueblo beneficiaban al interés del Estado al igual que una mujer no necesita un hombre para gobernar y debe de ser una elección libre (por supuesto que estas y otras nuevas normas estaban completamente fundamentadas en la nueva Constitución). El pueblo al vivir ya en un nuevo estado de apertura, desarrolló tanto para los niños futuros gobernantes como para los niños del resto de las clases sociales, un nuevo método de aprendizaje basado en una enseñanza más personal que fuera al beneficio de todos sin excepciones. Ana y el resto de su pueblo vivieron felices el resto de su vida, ya que estaban viviendo en la verdad.

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