Pensamiento crítico y aplicaciones políticas ¿Cómo construir una sociedad donde todos florezcan?

Por Fernando Reyes

A través de los distintos tópicos explorados en la clase de Pensamiento Crítico durante este año, he tenido la oportunidad de entender la realidad política y social de mi país desde la perspectiva de la verdad. Como futuro experto en las Relaciones Internacionales, sé que es vital conocer la dinámica que existe entre una sociedad y su gobierno para implementar planes de acción desde la iniciativa pública o privada; además, tengo en cuenta, también, que las repercusiones de dichas iniciativas están, en su mayoría, dirigidas a provocar reacciones en la esfera social. Considerando los aprendizajes del curso y los conocimientos que he acumulado para enfrentar los retos que se presentarán en mi carrera, dedicaré las siguientes páginas a responder cómo construir una sociedad donde todos florezcan.

La razón por la que responder la pregunta anterior es importante reside en el propósito de una sociedad. Platón expone en la República que la sociedad nace del hecho que nadie puede sobrevivir por sí solo, sino que es a través de la actividad social y la efectiva reciprocidad que se forman sociedades justas donde sobrevivir es posible hasta transformarse en placentero. Aristóteles, por otro lado, expresa que el hombre es un animal político, es decir, sociable por naturaleza; es por eso que el hombre no vive aislado y su beneficio es posible con el bienestar general. Las aseveraciones anteriores explican, entonces, que el propósito de la sociedad es beneficiar a sus ciudadanos. Tales beneficios responden a necesidades capaces de generar bienestar y no necesariamente tienen que ser materiales.

Hay también bases biológicas que explican el comportamiento prosocial en el humano  y su respectiva orientación hacia fines que beneficien a la comunidad (especie). Warneken. F. (2015). Sugiere que los primeros comportamientos de ayuda son genuinamente prosociales y cumplen una función evolutiva en los humanos. En apoyo de esta afirmación, presenta un modelo evolutivo de la ontogenia humana que postula que la ayuda juvenil podría ser esencial para la subsistencia humana. Pues, al examinar las sociedades tradicionales considerando los factores que han dado forma a la evolución humana, se ha descubierto que dichas familias dependieron de la ayuda de sus descendientes. Esto podría haber proporcionado el contexto evolutivamente relevante en el que los humanos se convirtieron en los ayudantes precoces que son hoy en día.

McAuliffe. K. y Blake. P. (2017) contribuyen también con una explicación biológica sobre la tendencia prosocial del humano. En su trabajo han concluido que ciertos aspectos de justicia parecen ser universales. En un experimento en donde se juntaron parejas de niños para darles muchos dulces a uno y solamente uno a otro, a ninguno de los que recibieron solo un dulce les gustó recibir menos que un compañero. Todos los niños que recibieron más dulces compartieron a su compañero; sin embargo, las formas de equidad parecen ser variables culturalmente, por lo que el número de dulces compartidos variaron. Claro, los niños son egoístas a veces. Sin embargo, el estudio reconoce que, al igual que en los adultos, existe una preocupación innata, profunda y madura por la equidad, no solo para ellos, sino también para los demás.

Al haber entendido la connotación filosófica y científica de la cooperación que envuelve el término ‘sociedad’ hay que definir quién pertenece a ella para saber quiénes deben ‘florecer’. A continuación, hay evidencias de que la ciudadanía es variable porque el poder político lo redefine. La ciudadanía en el pensamiento político clásico, explica Brook. P. (1990), es el estatus que se le da a los miembros de tiempo completo de una sociedad. Todos los que poseen ese estatus son iguales tanto en deberes y derechos. La ciudadanía funcionaba como una membresía de estatus condicionada por qué tan activa era la participación del ciudadano en la vida pública de la tribu, la polis o el imperio. Por otro lado, durante el medioevo, explica Heater. D. (2004), el sistema feudal, hizo de la ciudadanía una dinámica bilateral en la que vasallos prometían lealtad y trabajo,  mientras que los señores prometían protección.

La membresía del vasallaje feudal era la tierra y la lealtad de una persona era a otra de un nivel superior, como un noble o un caballero. Quienes no pertenecieran a los grupos detallados las sociedades detalladas, no eran ciudadanos, por lo que no aportaban a la comunidad o al feudo; ni eran merecedores de los derechos que aportar les concedía. Amurrio. J. (2009) cuenta que eventualmente, durante la época moderna, el ciudadano adquiere el atributo de la individualidad y conciencia sobre sus facultades de libertad. Pero, se identifica como súbdito sometido voluntariamente hacia una nueva evolución del poder que administra la membresía de la ciudadanía y los beneficios que esta trae consigo, el Estado. Por lo que, corresponde al poder legítimo expresar quién es ciudadano y quién no.

Kathleen Knight Abowitz y Jason Harnish (2006) establecen que la sociedad contemporánea ha adoptado nuevas formas de ciudadanía que se siguen discutiendo; de estas se descomponen el civismo de las repúblicas modernas, el civismo liberal y el civismo crítico (que se opone a los dos anteriores y responde hacia las minorías). El denominador común entre las formas de civilidad que se expresan hoy en día, sin embargo, es la heterogeneidad. Respecto a la diversidad, no se pretende decir que la gente se está haciendo más diversa o que antes no lo fueron; sino que los sistemas políticos están reconociendo legalmente a través de la inclusión la creación de un cuerpo político universal para sus jurisdicciones.  

Habiendo entendido que el propósito de la sociedad es 1) beneficiar a sus ciudadanos, 2) que la ciudadanía es variable porque el poder político lo redefine, y 3) que la ciudadanía contemporánea es accesible a todos porque está dotada de atribuciones heterogéneas, diversas e incluyentes, puede concluirse que una sociedad en la que todos sus ciudadanos florezcan no debe ser una donde hayan formas de dominio que empoderen la homogeneidad, pues una sociedad funcional es aquella que provoca el bienestar de sus ciudadanos y en la actualidad la ciudadanía no está condicionada más que al mero hecho de ser humano (en la mayoría de países que han adoptado ideas políticas occidentales).

¿Todos gozan de condiciones que les permitan florecer en la actualidad? No, hay limitantes que determinan las vidas de las personas hasta el punto de no dejarlas florecer, aún si estas se esfuerzan para hacerlo. Las implicaciones de pertenecer a estructuras sociales que favorecen y empoderan el orden homogéneo en un cuerpo civil heterogéneo determinarán el futuro de quienes no encajen en el modelo homogéneo. Al final, aquellos que serán determinados por condicionantes impuestas por esos modelos de estructura obsoletos e incoherentes con las necesidades actuales no podrán desarrollarse a su gusto. Entiéndase, que carecerán de tiempo y herramientas para generar el mínimo de bienestar; estado al que todos los ciudadanos de una sociedad tienen el derecho de obtener por sí mismos.

Identificar condiciones que limiten particularmente a cada elemento de la diversidad que conforma una comunidad es un trabajo complejo. Las condicionantes pueden variar bajo efectos de cultura o experiencias vividas por el nivel económico, entorno social o, incluso, circunstancias al azar, como sufrir algún tipo de abuso. Rawls. J. (1971) hace una explicación similar, la cual es un poco semejante, también, al materialismo marxista, en cuanto al hecho de que determinadas circunstancias conllevan nociones ideológicas del lugar al que se pertenecen. A través del ‘velo de la ignorancia’ de Rawls, se explica, entonces, que las circunstancias y sus respectivas condicionantes son parte de un juego de azar. Lo anterior me lleva a decir que para impactar positivamente en el futuro de la gente hay que modificar las condiciones que las forman, no su persona.

Para lograr erradicar condicionantes que limiten para mal el futuro de las personas hay que erradicar sus causantes; por lo que, una lucha contra la violencia se libraría contra los medios que acentúan la violencia por ejemplo. Me enfocaré, entonces, en solucionar un condicionante de tipo cultural en los párrafos que quedan. La construcción de ficciones que sirvan de punto de referencia para justificar comportamientos y obligar a los demás a aceptarlos e, incluso, imitarlos tienen repercusiones que pueden llegar a afectar el desarrollo de la sociedad a partir de implicaciones psicológicas. Lo anterior, debido al estigma que provoca vivir acosado en una sociedad donde las apariencias son válidas para favorecer (o lo contrario), la ficción sólida para etiquetar y lo aspiracional es inalcanzable. Los medios de comunicación fortalecen los problemas antes presentados y a continuación se presentarán teorías que lo evidencien.

Por un lado, Happer. C. (2013) concluye en su investigación sobre la influencia de los medios de comunicación que la información que reciben las personas de los medios puede legitimar las acciones de los poderosos y facilitar el cambio a nivel colectivo. Puede, también, limitar y configurar los comportamientos de las personas que son fundamentales para un cambio social más amplio. Los medios, explica, desempeñan un papel facilitador en la flexibilización de la acción política mediante la repetición y el refuerzo de los mensajes de los medios, y la ausencia de propuestas alternativas. Los medios legitiman, también, la confianza y la credibilidad en versiones particulares de las posibles direcciones de las políticas sociales. Además, son en esencia un espacio disputado en el que los grupos más poderosos pueden establecer el predominio de mensajes específicos.

Por otro lado, Debord. G. (1967) realiza un análisis de tipo filosófico sobre la intromisión de los medios de comunicación y sus implicaciones en nuestras vidas.  Según este autor, la sociedad se degenera en una sociedad del espectáculo que no tiene la capacidad de discernir la realidad de una imagen. El lente el espectáculo, aclara,  no es una colección de imágenes; más bien, es una relación social entre personas que es mediada por imágenes. Así que, es una nueva forma de correr peligro de establecer reciprocidad y empatía a partir de la imagen y no del humano; tal como los esclavos negros no la recibían por no cumplir con el imaginario aspiracional que significaba ser blanco.

¿Cómo los medios de comunicación logran condicionar? A través del alcance y el mensaje. El trabajo de Kahneman. D. en Thinking Fast and Slow responde bien a la capacidad de impacto que tienen los medios en nuestro cerebro según la teoría del procesamiento dual; pues es a partir de sesgos, que la economía y las ventas actuales están actuando y teniendo más éxito. Haidt. J. (2006) declara que el hombre tiende a ser un moralista hipócrita por naturaleza que prioriza guardar las apariencias; el problema, de nuevo, son los sesgos. Las aportaciones de ambos en el campo del estudio de la neurociencia y los procesos cognitivos aplicados en toma de decisiones me hicieron aprender que el hombre tiende a adoptar ideas que se adapten a su moral y juzgar fácilmente a otros que no sean él mismo.

Sabiendo que gracias a la capacidad de difusión masiva y a la de aprovechar sesgos cognitivos de los receptores es cómo las estrategias de comunicación tienen éxito, hay que evaluar sus consecuencias. La irreflexión hace vulnerable a la población al manejo de campañas comunicacionales planeadas para hacerles creer algo, independientemente de si sea verdad o no y sin tomar consideraciones del impacto que puede provocar en el individuo ni el mensaje que se le da a la sociedad. Tomaré la publicidad como el ejemplo más claro, y con menos variables independientes, de entre los medios que manipulan la cultura sin algún tipo de restricción ética más que la protesta de la sociedad civil. Además, elegí la publicidad en efectos de practicidad; para no tomar en cuenta variables independientes a la creación cultural y enfatizar en soluciones que sean contundentes para la idiosincrasia de la sociedad.

Ahora ya entendemos por qué la publicidad tiene poder en nuestra cabeza; pero, ¿cómo es que la publicidad tiene tanto poder en nuestra sociedad? La respuesta es el neoliberalismo, pues el sistema económico en el que vivimos puede hacer comerciable todo lo que tenga el potencial de ser explotable. Las campañas de  publicidad comercial apelan a partes sensibles del razonamiento y consensuadas de las poblaciones para ser atractivas. Otras formas de publicidad como la publicidad política, sin embargo, han adoptado los mismos comportamientos. El problema es que todo tipo de publicidad está adoptando los comportamientos de la publicidad comercial sin considerar las repercusiones que pueden causar en distintas áreas. Además, la demanda corre peligro de elegir a la oferta, pues la oferta está aprendiendo a comportarse de forma engañosa para ser demandada a través de la publicidad.

A partir de lo anterior, se propone una solución: priorizar el comportamiento ético en las estrategias de comunicación de los medios publicitarios puede contribuir a formar una sociedad donde todos se encuentren menos determinados y, por lo tanto, logren florecer. El objetivo no es eliminar la publicidad; sino depurar el comportamiento ético de las campañas publicitarias y las estrategias de comunicación para que no creen imágenes culturales que condicionen negativamente las mentes de las personas. El punto es evitar que se exploten ideas que fomenten una sociedad donde no todos podrán florecer, haciendo a las personas cómplices de su propio malestar.

El comportamiento ético de la publicidad política será únicamente posible con la argumentación. Pues la buena argumentación puede ser persuasiva e, incluso, más confiable que una mentira. Además, la argumentación inductiva proporciona diversas formas de plantear razonamientos, facilitando así la comunicación y la generación de propuestas que convenzan a la comunidad que votará. La actividad política es ética cuando no tiene lógica económica, pues el punto no es ser consumido ni consumir; sino decidir qué es lo mejor para todos. A través de un sistema electoral cuya mayor publicidad sea la argumentación y no la promoción puede construirse un sistema político que sea condescendiente a la opinión de la sociedad y no uno que imponga formas viejas de orden homogéneo que debilitan la organización de la sociedad civil.

Relacionaré lo anterior con las palabras de Weber (1919) quien habla sobre principios morales y de legitimidad que deben seguir los políticos para desempeñarse en el poder. Respecto a la legitimidad, Weber opina que apelar a la capacidad racional para poner normas legales válidas, en los casos de gobernabilidad, asegura mayor obediencia. Eso me parece válido, también, para ser aplicable a la comunicación política; pues las personas responderán de mejor manera a planteamientos racionales que han sido producto del esfuerzo para convencer a la población. Otras características que se suman al ‘deber ser’ del político según este autor son la pasión, la responsabilidad y la mesura. La pasión sirve para entregarse a la causa de la política, la responsabilidad para forjar un trabajo objetivo para alcanzar fines y la mesura para combatir al vanidad, que es la mayor enemiga del buen político.

Por otro lado, propongo que la publicidad tanto política como comercial se base en las implicaciones éticas que puede causar su trabajo para evaluar si es necesario llevar a cabo algo o no. En otras palabras, propongo una solución deontológica para un comportamiento utilitarista. Platón habla en el primer, y parte del segundo, libro de la República sobre las consecuencias que conllevan el ser un hombre de justicia. Aclara que alguien que actúa justamente es alguien que actúa óptimamente y que actuar de buenas formas produce buenas consecuencias; pues la desgracia es una implicación de actuar mal y no hay nadie desgraciado que haya actuado óptimamente, por lo tanto que no ha actuado bien. Hay que reconocer que en el campo de las relaciones públicas no es imposible tener problemas. Eso no significa, sin embargo, un estado de desgracia como al que se refería Platón.

La propuesta anterior tiene un guiño utilitarista que infiere que actuar éticamente puede ganar la confianza de la gente lentamente, pero de forma segura. Ser descubierto practicando un acto que no sea ético, independientemente de la moralidad de cada quien, no será aceptable porque hay principios éticos que no pueden ser justificablemente violados (existen preceptos que diversas sociedades respetan, eso fortalece a la deontología a través del concepto del imperativo categórico; la valoración a la vida, la verdad o la lealtad son algunos ejemplos de valores universales). Pero, ¿qué sucede con la libertad de expresión si se pretende dar marcha a movimientos que critiquen expresiones que provengan de formas nada críticas de ver el mundo? Además, ¿acaso una publicidad óptima no tiene que convencer a toda costa?. Por último, ¿qué responsabilidad hay sobre lo que entienden los demás a partir de lo que digo a través de una campaña publicitaria, por ejemplo?

La primera pregunta planteada hace mención de la libertad de expresión como un valor que puede sufrir de presunto peligro gracias a la intervención ética. Este es un tema complejo y extenso que se está librando en la teoría política y social en la actualidad; pues incluye problemas contemporáneos como racismo, homofobia o el derecho de ser políticamente incorrecto. Mi respuesta es que señalar y rectificar lo incorrecto no es violar la expresión de alguien; puede servir, de hecho, como un proceso de aprendizaje para todos los que intervengan. En el Fedro, Platón critica a la retórica como método de los sofistas que servía únicamente para persuadir.

De tal forma, el fin del retórico era convencer al otro de su verdad fuera del entendimiento de las figuras ideales (la verdad objetiva si lo aplicamos a nuestro contexto). La dialéctica, explica Platón, es el método filosófico por excelencia, puesto que conduce a la única verdad y, por ende, a la justicia. Por lo que contraargumentar y hacer observaciones de situaciones que parecen ser, especialmente, fruto de una lógica irreflexiva no es una forma de coerción; sino, una forma de poner a prueba los conocimientos propios de cada quién. Además, si la discusión se orienta en un entorno sin agresión, puede llegar a convertirse en una forma de aprendizaje colectivo.

Las últimas dos preguntas, sobre la característica teleológica de convencer como sea atribuida a la publicidad y la responsabilidad sobre lo que los demás entienden en los trabajos publicitarios respectivamente, pueden ser evaluadas bajo el prisma de la retórica. Aristóteles se apoya sobre tres pilares fundamentales para, según él, tener una buena retórica: transmitir conocimiento verdadero, conocer el alma de quien la escucha y darle una forma corpórea al discurso. Cicerón trabajó también en desarrollar la dimensión corpórea de los discursos para que tuvieran gracia, contundencia y fueran regidos por la ética. Ellos son la prueba de que el convencimiento puede ser ético y de que las personas reaccionan a él. Lo que sucede es que hay un esfuerzo menos arduo porque ahora se dispone de menos tiempo y menos medios para comunicar mucho; pero, eso no significa que el comportamiento ético deba ser recortado en estos nuevos espacios de comunicación. Hay que desarrollar estrategias que no permitan que el valor instrumental sustituya en importancia aquellos que son intrínsecos.

Como implicaciones, hay que tomar en cuenta dos dimensiones a las cuales se dirigió este ensayo. En cuanto a la publicidad política, los partidos deben entender que la democracia no es estrictamente neoliberalismo; por lo que el sistema debe cambiar desde quienes tienen que conseguir votos, aunque ellos no quieren cambiar. No se están comprando servicios que luego pueden ser negociables, se le está otorgando la licencia de ejercer el poder sobre de un grupo a unos representantes; ello incluye sus ventajas y obligaciones. En nuestro país, las reformas a la ley electoral son un ejemplo de que la sociedad civil sí tiene la capacidad de repercutir en el sistema; por lo que hay que intensificar la participación y las propuestas para hacer un cambio cultural.

En cuanto a la publicidad comercial, es preferible que la depuración surja de la demanda; pues así ninguna de las partes comerciales alegará sentirse obligada por la voluntad de alguien que no sea el comprador. Las personas, sin embargo, no tienen tan fácil esa tarea; pues, como ya establecimos, pueden llegar a estar condicionadas culturalmente por el comportamiento poco ético de la publicidad. ¿Cómo romper este proceso cíclico? A través de externos que fortalezcan a la sociedad civil, como el gobierno y organizaciones independientes. La repercusión del gobierno en la creación de condiciones integrales donde la gente ya no viva en circunstancias que pongan en riesgo su supervivencia podrá lograr un desarrollo distinto en la persona.

Si se suma una buena educación a lo anterior, puede esperarse que las personas tiendan a cuestionar más. Los cambios culturales, sin embargo, no son así de fáciles; por eso, es necesaria la intervención de órganos independientes y gubernamentales que fomenten la diversidad hasta habituar a la población a ella. El contraste será duro al inicio, pero el reconocimiento de lo diferente cómo un valor que se respeta puede ser posible bajo efectos de adaptabilidad. Ya no hay que polarizar grupos; no hay que crear símbolos de referencia para algunos, de algunos y sobre algunos que sirvan como ficciones ideales para los que no forman parte de esa referencia por su sexo, raza o condición social. ¿Cómo nos proyectamos como sociedad?, ¿es tu proyección de una sociedad funcional verdaderamente integral?, ¿la definición de una Guatemala buena para algunos puede llegar a ser amenazante para otros?

 


 

Fuentes

Amurrio. J. (2009). Clásicos del pensamiento político.

Abowitz. K. y Harnish. J. (2006)

http://ezproxy.ufm.edu:2052/stable/pdf/4124417.pdf

Brook. P. (1990).

https://books.google.com.gt/books?hl=es&lr=&id=RBcABAAAQBAJ&oi=fnd&pg=PP1&dq=ancient+concept+of+citizenship&ots=tehKfXX5kf&sig=_DQ4svJBrNy5bSjU4xjhVec_NR4#v=onepage&q=ancient%20concept%20of%20citizenship&f=false

Debord. G. (1967).

http://www.antiworld.se/project/references/texts/The_Society%20_Of%20_The%20_Spectacle.pdf

Heater. D. (2004). A Brief History of Citizenship. New York City: New York University Press. p. 157. ISBN 0-8147-3671-8.

Happer. C. (2013)

https://jspp.psychopen.eu/article/view/96/37

McAuliffe. K. & Blake. P. (2017)

https://blogs.scientificamerican.com/observations/do-kids-have-a-fundamental-sense-of-fairness/

Platón (s.f.). Fedro. Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 2, Madrid 1871

http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf02257.pdf

Platón (s.f.). La República.

http://www.um.es/noesis/zunica/textos/Platon,Republica.pdf

Rawls (1971)

http://www.univpgri-palembang.ac.id/perpus-fkip/Perpustakaan/American%20Phylosophy/John%20Rawls%20-%20A%20Theory%20of%20Justice~%20Revised%20Edition.pdf

Weber (1919)

https://www2.southeastern.edu/Academics/Faculty/jbell/weber.pdf

Warneken. F. (2015).

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/cdep.12101/full

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