De Aristóteles al mañana

El sistema aristotélico ha dicho J Berrio (1983, 23) posiblemente es aún hoy el mejor tratado de retórica. Aristóteles toma por objeto de la retórica, al hombre mismo, todo lo que le atañe, pero muy especialmente la comunicación. Este valor de la retórica entendida como principio regulador general es recabado por Roland Barthes cuando dice que hay unos principios generales aplicables a todos los objetos sociales, que se materializan en aspectos particulares, así habría una retórica del sueño, una retórica de la moda o una retórica de la literatura o de la pintura y muy especialmente una retórica de la imagen. La retórica piensa Aristóteles contrariando el parecer de Platón no es un truco, sino u arte con su propia tecné, y no se ocupa de una sola cosa en particular sino de un objeto general, se la considera sobre todo facultad y arte.

La retórica es la capacidad de considerar en cada caso lo que sirve para persuadir, este objeto no lo comparte con ningún otro arte, ya que cada una de las demás disciplinas abarcan solo la enseñanza y la persuasión de un objeto específico, como la medicina que trata sobre la salud y sobre la enfermedad; y la geometría sobre las propiedades de las magnitudes, y la aritmética sobre el número, y de modo semejante, las restantes artes y ciencias; la Retórica se ocupa por el contrario de cualquier cosa dada, por así decirlo, parece que es capaz de considerar los medios persuasivos en general, por eso decimos que no limita su estudio a ningún genero específico (Rethorica,1355).

Aristóteles considera a la retórica tanto desde el punto de vista de los contenidos como el de la expresión. Y todo esto lo vincula por una parte a la lógica; por otro, a la dialéctica como estrategia; y finalmente a la ética.
Aristóteles sigue presente en la cuarta ola de la comunicación. Su triple estrategia persuasiva: logos, ethos y pathos. Palabra y pensamiento, ética, y sentimiento.

De la retórica como persuasión a la retórica como argumentación

No pretendemos oponer persuasión a argumentación,o viceversa, sino, más bien al contrario, relacionarlas. Sabemos de su diferencia, pero también de su implicación continua. Sin embargo pareciera que se han venido golpeando dentro de un mismo cuadrilátero a lo largo de la historia de la retórica. Dice Christian Plantin (1998) que se suele relacionar con Aristóteles (38-322 a.C.), padre de todas las cosas, los inicios de la reflexión sobre la argumentación, y que es una lástima que esto sea así en detrimento de los sofistas (siglo V y principio del IV a.C.) ya que eran unos auténticos sabios que ejercieron una crítica corrosiva sobe las concepciones éticas y sociales de su época. La tan poderosa influencia de Platón los remitió al rincón de la mala fama. Lo cierto es que los sofistas aportaron elementos importantes tanto para la construcción persuasiva como para la argumentación de los discursos. Veamos alguno de ellos: La antifonía es una estrategia discursiva destinada a obtener más información sobre lo que se dice a través de la posibilidad del contradiscurso. La paradoja deja al descubierto las condiciones de validez del silogismo tal como observara Aristóteles y nos recuerda Plantin 1998, 9) Es una vuelta de tuerca más para alcanzar la verdad profunda de las cosas, instrumento para la filosofía y la literatura. Ninguna descripción o reflexión o conceptualización podría compararse a la verdad desvelada de Pedro Calderón de la Barca en su Vida es Sueño:

Ojos hidrópicos creo
Que mis ojos deben ser,
Pues cuando es muerte el beber,
Beben más, y de esta suerte,
Viendo que el ver me da muerte,
Estoy muriendo por ver.
Pero véate yo y muera:
Que no sé rendido ya,
Si el verte muerte me da
El no verte qué me diera.

No sólo las razones del sentido común, los silogismos superficiales, las teorías científicas, los resultados de las investigaciones o las conclusiones lógicas pueden decir la verdad de las cosas. Sinceramente creo que dentro de las muchas funciones de la retórica, se pueden destacar dos: una, hacer patente la verdad más profunda, y otra, manifestarla de una forma atractiva: argumentación y persuasión. Otro de los aspectos aportados por los sofistas que hay que destacar es el concepto de probabilidad que permite extraer tanto los estereotipos como los tipos aplicados a la conducta de los hombres y a su conocimiento. Por último la dialéctica entendida como una interacción argumentativa consistente en un diálogo razonado, según unas reglas precisas, entre un proponente y su oponente ante un público, es objeto de nuevo de oposición entre la postura sofista y la platónica que la considera como una justa verbal entre dos oponentes, sin preocuparse por la verdad. El aristotelismo le concede un estatuto de crítica del lenguaje natural que permitirá establecer verdades científicas, como señala Plantin (1998, 11)
A lo largo de la historia de la retórica, y ya desde sus orígenes, se ha considerado que en la producción discursiva, existen cinco etapas ya anteriormente citadas. La argumentación propiamente dicha se situaría en la primera, en la inventio, o sea, se trata de encontrar las razones para defender una causa. Las demás partes, dispositio, elocutio, memoria y actio, serían las partes dominadas por las reglas retóricas, conjunto sistemático de organizaciones formales discursivas o de puesta en escena propiamente dicha. Sin embargo ninguna de las dos, argumentación y persuasión, se desentienden de las otras partes. Ya sea en la disposición y orden de los argumentos en el discurso, ya sea en la selección de las reglas nemotécnicas, en la elusión, en el decir mismo y la materialización en acto discursivo, las razones de cada elección son referencia argumentativa, pero también la invención de los de los argumentos se ayudan de reglas normas, instrumentos y herramientas persuasisvas para su invención.
Recuerda Alex Mucchielli (2202, 11), citando a un publicitario anónimo, la anécdota de un ciego, que en el puente de Brooklyn, pide limosna con un cartel que dice Ciego de nacimiento, sin embargo nadie se apiada de él, pasa un desconocido y escribe unas letras sobre el. La respuesta dee la gente cambia radicalmente. El milagro se ha producido gracias al nuevo enunciado escrito en el cartel Es primavera y yo no la veo. Para el autor no basta la fuerza del mensaje para asegurar el efecto, es preciso que se produzca una emoción interna en los paseantes, saber que su ayuda puede aliviar la pena de ese ciego que quiere ser como todos los demás. Tomando este ejemplo y otros como punto de partida Mucchielli nos propone una renovación en el concepto de la persuasión, más bien en el arte de influir a través del análisis de las técnicas de manipulación, y hace un recorrido muy interesante sobre esas técnicas. Su primera necesidad es renovar las explicaciones clásicas de la influencia por manipulación de las emociones y de los intereses. A continuación investiga los medios de comunicación de influencia a partir de de la intervención sobre la situación, o sea, a través de la manipulación de los contextos (físicos, espaciales, temporales, sociales), de la posturas, de las normas y de las relaciones, y muy especialmente de las identidades. Se puede concluir que comunicación es influencia; que sus manifestaciones son muy variadas pero que existe una gran homogeneidad entre los fenómenos de propaganda, venta persuasión, publicidad y seducción; que la influencia es un fenómeno de mediación, cuya naturaleza profunda consiste en basarse en procesos no conscientes; que los objetos cognitivos manipulados en la influencia son las posturas, las relaciones, los referentes normativos, las identidades o los elementos de los contextos temporales, espaciales y sensoriales. Destacamos un concepto rotundamente defendido por Mucchielli(2002,31-32) en que define el influir como manipular los contextos de la situación para crear un sentido orientado. La influencia depende del sentido final creado para la conducta a través de la manipulación de los objetos que constituyen un contexto. Analizar un fenómeno de influencia es preguntarse qué es lo que se transforma en los conceptos constitutivos de la situación para que el sentido final tome cuerpo o evolucione cuando la comunicación tiene lugar. Influir es, pues, hacer surgir, por medio de manipulaciones contextuales ad hoc, un sentido que se impone a los interlocutores y que los lleva a obrar en conformidad con él. Queda claro que el manipulador ha previsto este sentido, de tal suerte que la acción que le corresponde esté de acuerdo con lo que él espera.
La retórica tanto en sus aspectos más persuasivos como en los más argumentativos se entronca muy profundamente en la comunicación, como ya propusiera Aristóteles.
Es precisamente Aristóteles quien le da estatuto científico a la argumentación al situarla dentro del marco de la lógica, considerada como la ciencia formal del saber. Está tan perfectamente delineada por Aristóteles que Kant llegó a decir que lalógica no habia dado ningún paso atrás desde Aristóteles, pero tampoco ninguno hacia delante. Solo una relación de algunos de los conceptos relacionados con la lógica aristotélica y que han servido en general de faro y luz para el pensamiento de occidente en este campo, nos indica el campo de actuación de su saber científico: Concepto, juicio y raciocinio; pensamiento científico, demostración y refutación; concepto y definición; género y especie; predicación, predicación lógica, predicación accidental y categorías (logicas y ontológicas); el juicio, sus funciones, naturaleza, clases y sujeto; el razocinio, sus funciones, puesto, clases; los entimemas. Todo orientado a la búsqueda de la verdad. Johanes Hirschberger (1976,163) dice que a nosotros, hombres modernos, lo que acaso nos impresiona más en la teoría aristotélica de la ciencia, es que el rasgo de que la ciencia para Aristóteles es algo que se busca por el saber mismo y por la verdad, es decir por sí misma. No sirve a ninguna finalidad de tipo utilitario (…) La verdadera y auténtica ciencia, en cambio, sobre todo como se da en al filosofía, caso ideal del saber, es siempre pura y teorética contemplación de la verdad. Es antártica, como dice el mismo Aristóteles (…) Por eso es también la filosofía un signo de la libertad del hombre. Algo que después leeríamos en el evangelio de San Juan: Y la verdad os hará libres. Este es el verdadero sentido de la retórica, servir de instrumento al pensamiento, al razocinio: estar en definitiva al servicio de la verdad. Otra cosa es el mal uso que se haga de la misma. Pero ahí está al quite la ética. Habremos de superar la tentación de seguir un desarrollo de estas tres ciencias a lo largo de la historia, ya de una forma individual o relacionándolas entre sí. Las nuevas lógicas, que tanto han enriquecido el espíritu humano son un nuevo punto de vista esencial en el recorrido humano del saber, sobre todo del saber ser hombre. Aristóteles siempre ha estado atento al recto sentido, la retórica sufrirá la fractura de su valor humano.

ha dicho A.Reyes (1961, 456) que piensa como Cicerón y escribe como Tácito, entiende la retórica como una ciencia del bien decir, bene dicendi scientia, cuyo objeto es todo asunto humano, cuyos fines son enseñar, mover y deleitar, y cuyo ejercicio exige que el orador no sólo esté formado en las técnicas retóricas sino dotado de profundas convicciones morales así como de la flexibilidad necesaria para adaptarse a los diferentes auditorios y los diferentes temas y contenidos del discurso
Nos serviremos de Quintiliano para recordar los componentes de la retórica:

– la inventio, entendida como el quid dicamos, y no solo como la res o la materia en si, sino como la investigación, el estudio de los materiales y el conocimiento de los instrumentos que vamos a utilizar, y que integra en sí las partes del exordio, la narración, la argumentación, la peroración y la conclusión;
-la dispositio, sed etiam quo loco, o plan organizativo del discurso;
-la elocutio, quo modo dicamus, en la que explica los medios y procedimientos del estilo, los tropos, las figuras retóricas y la composición;
-la memoria, o mnemotécnica o depositaria del tesoro retórico, según José Antonio Hernández y Mª Carmen García Tejera (1994,65), según otros autores y mi mismo parecer es además la cualidad que permite recordar fielmente los contenidos del discurso;
-la actio, apte dicere, la estudia desde el punto de vista de la pronunciación, recitación, presencia, ademanes y gestos.

Mortara Garavelli ha estudiado en profundidad estos cinco elementos de la retórica clásica en su Manual de Retórica. Algunos de los cuales han sido objeto de estudio muy particularizado por parte de diferentes autores que han hecho de alguno de estos elementos el centro de toda la retórica, como ha sucedido con frecuencia con la elocutio, considerada en muchos momentos de la historia de la retórica, como la piedra angular; por el contrario en otras ocasiones algunos han sido cuestionados, como es el caso de la memoria, que según algunos autores deja de tener sentido actualmente como elemento constitutivo de la retórica. Las nuevas tecnologías han puesto en tela de juicio estas opiniones muy especialmente debido a las teorías sobre la hipertextualidad, que se ha convertido en uno de los paradigmas fundamentales de las Nuevas Tecnologías.
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación, con sus caracteristicas de no linealidad, hipertextualidad, interactividad y acción cooperativa, entre otras han vuelto a pone de moda a la retórica. El uso de figuras retóricas, muy especialmente metáforas, para definir sus funciones informáticas para los textos multimedia, operaciones del ordenador e Internet, como son navegación, autopistas de la información, son una muestra tal vez del inconsciente tecnológico de humanización. , pero también del poder expresivo de los recursos retóricos puestos al servicio de la técnica y de la ciencia. Sin el interés de la retórica desde las nuevas tecnologías, reside en la construcción del discurso y en las relaciones pragmáticas entre el autor y el lector, que con frecuencia intercambian sus papeles; en las consecuencias que resultan de la posibilidad de la construcción no lineal de los discursos hipertextuales y la multiplicación de esas linealidades de los textos; en las relaciones interactivas del lector con la máquina y de interacción con los otros sujetos humanos ya en tiempo real o en anacrónico; en las múltiples relaciones entre textos, ya sean internas o externas, de la hipertextualidad misma.

George P. Landow (1997) estudia primero las influencias de Wittgenstein y Gerard Genette en la narrativa del lector en hipertexto (1997, 109-121) aplicándolas a la obra narrativa hipertextual Afternon de Michael Joice y añadiendo un nuevo nivel a los dos de la narración, historia y discurso, y definido como discurso discurrido, a través del cual, el lector produce nuevas lecturas y lleva a cabo su participación autorial en la construccion textual emergente del hecho textual almacenado en forma digital, o sea el lector del hipertexto se desplaza en un nivel de un hiperdiscurso generado por el acto de leer, por encima y además del hilo narrativo tradicional. Al leer una novela en hipertexto, dice George P. Landow (1997,120-121) el lector no sólo recrea narraciones, sino que crea e inventa nuevas narraciones, que ni siquiera había contemplado el autor primario, en este tipo de novelas se invita al lector a tomar parte interactivamente con las operaciones de la maquinaria narrativa, o sea a convertirse en autor secundario, a ser lectoautor. En este contexto de investigación es donde Landow reflexiona sobre el papel y las implicaciones de la retórica antigua en el hipertexto. Se centra en el análisis de los cinco componentes de la retórica, en sus aspectos constructivos y pragmáticos.

Recogemos en un cuadro del propio Landow (1997, 126) las relaciones entre el discurso retórico oral y el discurso retórico hipermedia con sus dos niveles. Internet, en cuanto que es un medio dinámico para la recepción, organización, distribución y difusión de la información, así como para posibilitar, activar y promocionar la comunicación tanto sincrónica, en tiempo real (Chat, Messenger…) como asincrónica (foros, correo electrónico, blogs, listas de distribución) no sólo lleva acabo actuaciones retóricas sino que recoge estudios, investigaciones y recursos en sus foros, chats, blogs, listas de distribución, etc, como por ejemplo, la asociación LOGO tiene una lista de distribución para participar en debates sobre e mundo clásico y la retórica. Paul Bullen dirige otra sobre los mismos temas denominada Aristotle, desde la Universidad Católica de Lovaina se dirige el Agora Class.

Ahora bien existe una acción comunicativa y retórica todavía mas interesante, es el acceso mismo a la comunicación entre los internautas ya sean de una forma espontánea ya “orientados” por diversas instituciones. Así se habla de redes comunitarias en un amplio espectro público, donde haciendo uso del concepto metafórico de espacio público se enfatiza el rol del internauta como miembro de ese espacio público electrónico, participando con sus aportaciones y sus conversaciones con otros miembros sobre los mas variados temas. Es una forma de socialización, aunque también entraña el problema contrario de un aislamiento de sus relaciones humanas próximas escondiéndose en el anonimato de la red.

La red, Internet, es un bien público para todos los ciudadanos del mundo y hay que mantenerlo tanto su accesibilidad universal como promover su uso, sus buenas prácticas informativas y comunicativas, como su independencia, su libertad y su impresionante papel democratizador.

Las puertas que abre y los problemas que plantea Internet a la retórica son muchos. La combinación de los diferentes medios y materiales expresivos, los tiempos de emisión, recepción y lectura, las funciones que alternativamente ejercen los autores y lectores de los textos, la digitalización de todo tipo de discurso y su fragmentación, ordenación, jerarquía y heterojerarquía, la frecuencia, las relaciones entre los discursos que discurren en la red, la red que forman los usuarios, los problemas de la autenticidad, fiabilidad y valoración de las fuentes, el acceso a la información y los buscadores con sus criterios de ordenación y selección, las posiciones de los agentes de la comunicación en la red, la globalización cultural, la constitución de comunidades virtuales, la definición de identidades reales o imaginarias, la comunicación virtual y presencial actual, la interactividad con la máquina y la interactuación con los agentes humanos, son algunos de los problemas que desde la perspectiva de la comunicación pueden afectar a la retórica.

Es más ¿existe una retórica específica de Internet? Así como existen unos principios generales que explican la naturaleza retórica de los fenómenos de la comunicación y la expresión en cualquiera de sus posibles manifestaciones, asimismo considero que existe una retórica específica a la naturaleza misma particular de internet con sus características y sus valores que lo identifican, y que esa retórica está ligada a sus grandes paradigmas de las bases de datos y su gestión del conocimiento, la hipertextualidad, la convergencia textual, la interactividad y la interactuación, la comunicación sincrónica y asincrónica y la accesibilidad universal. Otra cuestión es como se vayan desarrollando sucesivamente las estrategias retóricas correspondientes. La historia de la retórica está a la expectativa y echa mano del nuevo de la Retórica, la de Aristóteles. O sea a la lista de sus virtudes, en qué manera la retórica ayuda a los internautas, tanto a los que producen los contenidos, a los que informan, a los que fomentan la comunicación como a los que se informan y comunican a través de ella? El fin último de la retórica es el bien de los hombres, o sea su felicidad.

*Francisco García García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *